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Tempus Fugit

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diciembre 30, 2013 por laquehasliado

Recuerdo una época de pequeño, en las que mis padres se antojaron en  comprar un reloj de pared con sus respectivas campanadas, péndulo y pesos y contrapesos para darle cuerda. Recuerdo que aquello me aburría soberanamente y me parecía demasiado anticuado. En aquella época una marca desconocida japonesa, imponía la última tecnología en las muñecas de los afortunados. Se trataban de los primeros relojes de cuarzo Casio, con sus dos botones mágicos.

Un botón encendía una pequeña luz que iluminaba la pantalla por la noche, y otro tenía varias funciones. Creo recordar que te daba la fecha en la que estábamos, y también un sencillo cronómetro que era la envidia de todo el mundo. Esos relojes estaban lejos del alcance de cualquiera, y solamente en tu cumpleaños o comunión, podrías ser el afortunado. “Desgraciadamente” mi comunión pasó con un reloj de muñeca  de cuerda y mi cumpleaños estaba lejos.

El reloj que compraron mis padres, no sabía de cronómetros ni de lucecitas en la oscuridad, pero si sabía dar los cuartos, y las campanadas a su hora. La marca del reloj me dejó intrigado, Tempus Fugit con un dibujo de la bola del mundo al fondo de su logotipo. Por entonces no sabía nada de latín y por supuesto no había Wikipedia ni ningún tío seminarista que me arrojara luz sobre mi intriga.

Años después el instituto me saco de mi intriga guardada. Y no fue las clases de latín, si no las de historia. Creo que fue Marco Antonio, o Julio César quien promulgo en una de sus arengas, o quizá en sus pensamientos, que el Tiempo es fugitivo. Es decir que el tiempo no se puede guardar, ni detener, ni apropiarse del mismo. Curioso descubrimiento el mío, el saber que una marca de relojes de pared, promulgaba que el tiempo es efímero.

Tempus Fugit

Quizás es un recordatorio para los que observamos cómo va pasando la aguja en nuestra vida. Quizás podríamos apropiarnos de los cuartos y celebrarlos con nuestros triunfos, logros o fechas señaladas. Quizás podamos comer las uvas un año más frente al televisor. Puede que mañana tengamos un mal día y no queramos levantarnos, o que estemos cansado de todo y queramos emigrar a Dubái para ganar millones y vivir la vida. Pero mientras queramos o no dejar de soñar, el viejo Tempus Fugit sigue dando las horas sin detenerse.

A día de hoy el reloj de pared sigue funcionando como el primer día. Mi padre fallecido hace un año en estas fechas, ya no puede seguir dándole cuerda. Quizás en su subconsciente se decantó por esa marca, para recordarme que haga lo que haga, seguirán sonando las campanadas a en punto. El tiempo que tenemos en esta vida, es limitado y no creo que deba malgastarlo estando postrado en un sillón contemplando un reloj. Es hora de salir a la calle y olvidarse el reloj en casa. Sólo existe el presente y los viejos relojes, nos lo recuerdan cada  15 minutos. Seamos consecuentes.

@by  Rubén García Codosero

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