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julio 2, 2013 por laquehasliado

Decía Alexis Tocqueville, “Lo que acostumbramos a llamar instituciones necesarias, muchas veces son instituciones a las que nos hemos acostumbrado.”

Y es bien cierto que no solo nos acostumbrarnos a instituciones, ideas, empleos, formas de vida. Nos acostumbramos a nosotros mismos y a nuestra realidad cotidiana. Lo que vienen llamando los coach, “Zona de Confort”. Por suerte, la propia vida, no conoce esa zona de confort y cada día mueve sus fichas. Una vez nos pone a jaque y otra vez somos nosotros los que movemos ficha, comiéndonos la vida, disfrutándola. Sabemos que al final de nuestros días, por muy estrategas que seamos, siempre la muerte nos dará jaque mate. Y sabiendo esto, porque lo sabemos, ¿Por qué seguimos jugando al parchís con nuestra vida? Al despertar, al salir por la puerta de nuestra casa, agitamos el cubilete con ilusión de sacar un seis y avanzar lo máximo. Otra vez sacamos un uno “pelado” y nos conformamos con dar un pasito, con ir al trabajo, cumplir y volver a casa tranquilos. Añoramos los seises de los viernes, la sensación de terminar el trabajo de la semana, la sensación de disfrutar la noche de esos viernes, de cenas, de cine, de teatro, de lo que sea. Sabiendo que al día siguiente no se trabaja, que somos libres por unas pocas horas. Y así vamos un año tras otro, hasta que el dado se rompe o se pierde y la partida se acaba.

parchis

Pero ¿y si tiramos el dado? Aunque sea simbólico, lo arrojamos a la basura, lo “olvidamos” en el campo, lo enterramos en la playa. ¿Y si hacemos algo distinto a la semana, o al mes?

Acciones tan distintas, como ir a un recital poético, conducir un coche deportivo, ir al teatro, un concierto, conocer el voluntariado de tu ciudad, ir al trabajo en distintos medios de transporte, caminar por zonas desconocidas de la ciudad, ir a cursos o ponencias que no tengan nada que ver con nosotros, montar en patín, ir a un partido de polo. Cualquier cosa que no sea lo habitual en nosotros, cualquier acción que nunca se nos hubiera pasado por la cabeza.

En definitiva romper esa rutina, nuestras costumbres arraigadas, nos enriquecen y hacen nuestra vida más plena. Salir de nuestra comodidad siempre nos trae cosas buenas. Abandonar a su suerte nuestro sofá, nos trae contactos, oportunidades, conocimiento, riqueza a nuestra vida. Por otro lado es la cura para la crítica del “sin saber”, es recuperar la costumbre perdida de hablar sabiendo de lo que hablamos, no de hablar por lo que leemos, o lo que es peor, de lo que oímos.

Tu inmovilidad es jaque al rey, usa tus caballos y derriba los muros de tus torres. Pónselo difícil a tu muerte, que la cueste empeñar su guadaña para ganarte la partida, que no te sorprenda dormitando en tu sillón.

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@by Rubén García Codosero

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