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Hay que educar a papá

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junio 17, 2013 por laquehasliado

felpudoEste fin de semana, un pequeño robo (léase travesura por tratarse de un menor), me ha puesto en alerta sobre la educación de algunos niños y lo que es peor de la de sus padres. Sucedió que el edificio donde vivo, posee una escalera de hierro, muy a la moda de los arquitectos de la burbuja. Esta modernísima escalera, posee varios “extras” entre los que destaca por encima de todo, el molesto ruido metálico, casi industrial, que hace al ser usada. Llevaba ya un rato escuchando el sonido que hace la susodicha escalera cuando a un niño le da por saltar de escalón en escalón, al asomarme  para ver quién era el infante que nos animaba así la tarde del sábado, pude ver al angelito de unos diez años, como bajaba por la escalera, con su ruido y mi felpudo.

Cierto que es un felpudo,  y como tal, no tiene un gran valor monetario, pero sí algo  de emocional.  Tiene forma de gato y me costó encontrarlo. Por eso, puede que al chaval se le antojara o le llamara la atención. Pero sucede que es mí felpudo, una propiedad que no me apetece que termine abandonada por los garajes, o como diversión en medio de la calle. Por si fuera poco, mi hijo de cuatro años con su voz entrecortada, me preguntaba por qué se lo habían llevado. En su sabiduría de solo cuatro años entre los humanos, no comprendía por qué alguien te viene a quitar algo que es tuyo.

Bajé al patio y allí estaba el felpudo gatuno. Por suerte el chico de diez años, recapacitó ante mi ultimátum por la ventana, y al saberse descubierto  arrojó la prueba de su “delito” donde pudo.

hayqueeducarapap

Hay que educar a papá. Película antigua que demuestra que hay valores que no se pueden modernizar.

Hablé con sus padres y la madre visiblemente enfadada le regañó. Es el deber de un padre enseñar a sus hijos a diferenciar entre el bien y el mal, no se puede delegar, como tantas veces dicen en  televisión, a sus profesores o personas fuera del círculo familiar. Aunque era una simple travesura, yo quise llegar al final del asunto, para que mi presencia ante sus padres, le sirviera como lección, o por lo menos para que sea consciente la próxima vez, que sus actos pueden tener consecuencias.

Pero lo verdaderamente lamentable fue la actitud del padre. En pleno proceso de inclinar la madre la balanza de su hijo, hacia la razón y la educación, el padre voló por los aires con una sencilla frase , el esfuerzo de la madre y el mío. La frase que dijo mientras mostraba su sonrisa de aquí no pasa nada fue: “Mientras no te haya quitado la cartera”.

Y si la reprimenda de la madre le estaba calando hondo en el hijo, el comentario gracioso del padre,  borraba de un plumazo toda enseñanza. Lo que el ignorante padre no sabe, es que con su actitud, le ha dado carta blanca a su hijo. Es como decirle, mientras no le robes la cartera, el resto no pasa nada.

Lo malo es que ese nada, es un abanico muy amplio de posibilidades, como arañar puertas de ascensores, arrancar plantas y otras “gracias” del chiquillo, o de otros que le imiten.

botellón

Mientras no te roben la cartera, deja que se diviertan los jóvenes…

Mi reflexión como español es la siguiente:

Si papá estado se ríe de la mamá justicia, nosotros los hijos del estado, ya no sabemos discernir. Si un Bárcenas, o un Rato, supuestamente roban y estafan a empresas u organismos, mientras no entren a nuestra casa a robarnos la cartera, aquí no pasa nada. Si hoy roban felpudos y mañana fondos de inversión, aquí no pasa nada, seguimos sonriendo y cada uno a lo suyo.

Rato

¿Un chico travieso en su niñez?

Cuando nos quitemos de una santa vez la venda impuesta por una mala transición o por un progresismo de aquí todo vale, y llamemos a las cosas por su nombre, sin complejos, podremos dar un paso más adelante como personas. Nos toca de nuevo “Educar a papá”.

Y si para ello hay que subir cuarenta veces a casa del sonriente vecino, pues se sube, y si hay que votar o no,  a partidos minoritarios pues se votan. Siempre desde el buen hacer y con la razón de nuestra parte, evitando la tentación de ponernos a su nivel. Porque poniéndonos a su nivel, le damos la razón y perdernos la nuestra. Evitemos prender fuego a su felpudo, y poner nuestra mejor sonrisa falsa, mientras le susurramos “No es para ponerse así, majete”.

@by Rubén García Codosero

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2 pensamientos en “Hay que educar a papá

  1. Jaime Pereira dice:

    Rubén, muy bueno. Me ha gustado mucho y ¡cuanta razón tienes! Un fuerte abrazo.

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