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¿Acepto el reto?

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octubre 25, 2012 por laquehasliado

En el camino de huida de la desesperación, solemos agarrar del brazo al primer paseante que nos suele acompañar, para que la fiera invisible que nos sigue, le atrape entre sus fauces para cebarse con él. Esta pequeña pero visual historia viene como ejemplo, de lo que sucede normalmente cuando estamos atrapados por situaciones laborales difíciles. En todo empleo existen tareas gratas y no gratas, influyendo nuestra valoración en dos fases que me permito dividir.

1-      Las tareas autómatas y aburridas

2-      Las tareas que nos limitan.

De las primeras no vamos a hablar, porque son inevitables y a todo el mundo nos ha tocado realizarlas. Son la mera burocracia del día a día, como lo puede ser recoger el correo, subir un cierre, rellenar un acta de reunión, archivar facturas, cambiar el aceite a un coche, etc. Cada profesión lo suyo.

Según estudios científicos las segundas son las más peligrosas para la salud, y es que se ha demostrado que cuando nos asignan una tarea, para un plazo determinado y no tenemos formación, o bien nadie nos ha comunicado como realizarla, esto nos genera estrés que a la larga afecta directamente sobre nuestro organismo.

Funambulista¿Y porqué aceptamos estas tareas? Simplemente porque la gran mayoría tiene miedo a perder su empleo. Atrás quedan épocas doradas, donde quizás eso se maquillaba con “Me gusta aceptar retos”, pero ahora la realidad es bien distinta. Si no sabes hacer el pino en un andamio estás en la calle, entre cinco millones de parados alguno habrá del circo, que felizmente sustituirá a Peláez de nóminas para hacer el trapecista frente a un cliente que busca ya los servicios en cestas de oportunidades.

Y en el fondo perdemos todos. Porque cuando un Peláez de Nóminas, o una María de ventas acepta “el reto” del mundo del espectáculo, perdemos todos.

Pierde la persona, con una dosis de estrés de su vida.

Pierde el cliente, con un servicio lamentable.

Pierde el desempleado pues nadie requiere de sus habilidades.

Pierde la empresa de formación que no aporta valor al empleado.

Pierde el empresario, dando migajas de pastel al cliente, en vez de darle la tarta que ha comprado.

La pregunta que lanzo desde mi post es ¿merece la pena de pagar el precio de nuestra sinceridad?

Retos

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